domingo, 8 de diciembre de 2019

XI


        Miré y le vi la cola al Diablo mientras husmeaba entre mis delirios. Qué buscaba? Qué planes tenia preparado para mi?
  Ya de muy joven me deleitaba en ese breve espejismo de ensoñación que te da el alcohol. Mansedumbre. Anestesia. Y quise probar todos los vinos: el vino del perdedor, el vino del criminal, el vino del bienaventurado, el vino del redimido, el vino del pecador, el vino del lujurioso, el vino del cobarde, el vino del erudito, el vino del aristócrata, el vino del soñador, el vino del iluso, el vino del desaforado,  el vino del incauto, el vino del mentiroso, el vino del apesadumbrado, el vino del traidor, el vino del hambriento, el vino del justo, el vino, en fin, de la vida y de la muerte tal vez. 
       Me senté en muchas mesas. Mujeres con un encanto bilingüe amortajaron mis amaneceres para una dulce reencarnación matinal. Estoico permanecí adherido a la silla. Llegaron exóticos personajes a convidarme de su licor, habian pasado ya muchas noches. Yo hablaba con todo el mundo. Derramé mi copa, alguien se me acercó, trató de ayudarme; exclamé: que se derrame todo el vino del mundo pero no sangre! los suelos de esta ciudad sabrán entender la naturaleza primera del asesino en la trasnoche de un borracho!
Desafié a la ciudad. Busque en cada esquina resquicios de algo perdido. Quería ver latir aun ese trémulo vespertino en el eco insensible de la madrugada. Casi lo conseguí hasta que me destrozaron la cabeza con una botella. 
        Recordaba mi vida en un raro devenir de escuetas siluetas, algunas muy de prisa, otras como esperando algo, y esta conjunción reverdecía en una ambigüedad tremenda: esto es aquello pero parece esto. Y quise ser otro, anhelaba ser otro. 
       Vengan placeres moribundos a revivir en mi carne podrida  Hay que estar muerto para descomponerse? Me sentía asi: abatido, deteriorado, totalmente acabado. Pero volvi a mirar y le vi las barbas a Dios.

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