lunes, 23 de diciembre de 2019

XXXI

Si te sientas
del lado alejado de la ventana de un tren
en una ciudad del sur
junto a dos ancianas 
prístinas de lo que puedan decir;
verás al jorobadito pasar
y justo iluminará su rostro
un fulgor vespertino
que la tarde no sabrá repetir.

Mientras tanto,
el tren seguirá su marcha 
y el jorobadito
volverá a pasar por cada asiento
para recibir alguna moneda;
y estas dos ancianas diáfanas
podrán volver a hablar
en la inmensidad de un adjetivo.
Una lo mirará
y se sentirá madre desesperadamente.
La otra morirá de costumbre.

Tú te habrás olvidado
a donde ibas,
pero el lento hamacar del vagón
y la cuidad volatil, aterida
te lo recordará.
Tendrás la necesidad voraz
de llenarte de tristeza
y una sigilosa alegría
revelará las huellas
de esas oscuras expediciones del alma.
Para ese entonces
una de las ancianas purísimas
habrá bajado del tren
y una muchacha lejanísima
ignorará la lenta descomposición
de tu mirada
al sentarse a tu costado;
y sentirás que puedes 
retomar tu vida
porque has visto al jorobadito
y te has enternecido
melancólicamente.

XV

Te desprendes día a día de cada papelito 
(boletos, tickets, comprobantes de compra, etc); 
de cada botellita de plástico o cualquier cosa que es ya inservible. 
Te desprendes día a día de tus heces, de tu orina, 
de mililitros y mililitros de cualquier sustancia corporal 
(sudor, lágrimas, saliva, semen, etc); 
de cada diminuta célula que tu cuerpo reemplaza en tu piel, 
en tu cara, en tu cuero cabelludo, en tus manos, en tus pies. 
Te desprendes día a día del hedor imparcial 
del sedicioso deseo fortuito que logras aplacar; 
y transpiras en secreto. 
Cuántos de estos pensamientos te acompañaran por el resto de tus días? 
Te desprendes también de ventosidades en el íntimo transcurrir orgánico. 
Te vas desprendiendo lentamente de bellos púbicos, 
de pelos de determinadas zonas del cuerpo. 
Te sigues desprendiendo maliciosamente 
a placer del ruin despertar de todos los días; 
y te desprenderás de todo lo que no necesites; 
y aquello poco a poco, lentamente irá  formando una enorme culpabilidad 
que vivirá en ti sin que lo sepas. 
Entonces llegado su momento las culpas se contarán 
y tu habrás sido culpable solo de la mitad de todo lo culpable que puedas ser. 
Oh! Mamífero Nostálgico por que no permaneciste en cuatro patas.
La consciencia es más verticalmente posible.

domingo, 8 de diciembre de 2019

XI


        Miré y le vi la cola al Diablo mientras husmeaba entre mis delirios. Qué buscaba? Qué planes tenia preparado para mi?
  Ya de muy joven me deleitaba en ese breve espejismo de ensoñación que te da el alcohol. Mansedumbre. Anestesia. Y quise probar todos los vinos: el vino del perdedor, el vino del criminal, el vino del bienaventurado, el vino del redimido, el vino del pecador, el vino del lujurioso, el vino del cobarde, el vino del erudito, el vino del aristócrata, el vino del soñador, el vino del iluso, el vino del desaforado,  el vino del incauto, el vino del mentiroso, el vino del apesadumbrado, el vino del traidor, el vino del hambriento, el vino del justo, el vino, en fin, de la vida y de la muerte tal vez. 
       Me senté en muchas mesas. Mujeres con un encanto bilingüe amortajaron mis amaneceres para una dulce reencarnación matinal. Estoico permanecí adherido a la silla. Llegaron exóticos personajes a convidarme de su licor, habian pasado ya muchas noches. Yo hablaba con todo el mundo. Derramé mi copa, alguien se me acercó, trató de ayudarme; exclamé: que se derrame todo el vino del mundo pero no sangre! los suelos de esta ciudad sabrán entender la naturaleza primera del asesino en la trasnoche de un borracho!
Desafié a la ciudad. Busque en cada esquina resquicios de algo perdido. Quería ver latir aun ese trémulo vespertino en el eco insensible de la madrugada. Casi lo conseguí hasta que me destrozaron la cabeza con una botella. 
        Recordaba mi vida en un raro devenir de escuetas siluetas, algunas muy de prisa, otras como esperando algo, y esta conjunción reverdecía en una ambigüedad tremenda: esto es aquello pero parece esto. Y quise ser otro, anhelaba ser otro. 
       Vengan placeres moribundos a revivir en mi carne podrida  Hay que estar muerto para descomponerse? Me sentía asi: abatido, deteriorado, totalmente acabado. Pero volvi a mirar y le vi las barbas a Dios.